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Pertenecen a la historia las épocas en que las ventajas más importantes de los países radicaban en el mayor acceso a unos pocos factores productivos - tierra, recursos naturales y trabajo -, así como en la existencia de condiciones económicas y políticas privilegiadas, derivadas de un intervencionismo estatal, que mantenía condiciones competitivas artificialmente construidas y por ello poco sostenibles. Las grandes revoluciones de nuestro tiempo han obligado a aportarle mayor valor agregado a los anteriores factores, pero sobre todo a incorporar otros factores igualmente fundamentales. La educación, las relaciones sociales de cooperación, la capacidad de aprendizaje empresarial y social, la innovación, la gestión eficiente de la producción y la revolución de la información, son hoy factores esenciales. La generalización, la calidad de estos factores y su eficiente utilización, potencian los factores tradicionales. El trabajo deja de ser un costo para convertirse en la principal fuente de creación de valor y de riqueza. En este contexto renovado de visión de la competitividad, el mejoramiento continuo de la productividad, es el mejor medio para potenciar la creatividad y el desarrollo y para irradiar sus beneficios a toda la población. |